Panaderías al límite: “Hoy sólo vendemos lo básico, el resto es como comer caviar”, advirtieron por la caída del consumo
El derrumbe del consumo de pan en la provincia de Buenos Aires sitúa a los productores panaderos frente a una crisis histórica, con una caída del 45% en las ventas y cierres de comercios emblemáticos. Miles de fuentes de trabajo se ven amenazadas, lo que evidencia el impacto directo de la crisis económica sobre un sector tradicional y profundizando la vulnerabilidad de las comunidades. Martín Pinto, presidente del Centro de Panaderos de Merlo, explicó cómo afrontan el momento de crisis.
La brusca disminución del consumo de pan responde principalmente a la pérdida del poder adquisitivo de la población. Esta situación provocó el cierre de numerosas panaderías y el despido de empleados, lo que acentúa la fragilidad social, especialmente entre niños y adultos mayores, y transforma el acceso a productos básicos en la provincia de Buenos Aires.
“Hace dos años venimos informando esta caída terrible que venimos sufriendo. En dos años tenemos una caída de consumo de pan de un 55%. En estos dos últimos meses, comparado a los dos meses anteriores del año pasado, tuvimos una baja ya del 45%“, expresó Pinto. El dirigente panadero atribuyó el fenómeno al deterioro del poder de compra. “Esto se debe al poco poder adquisitivo que tiene la gente. Porque no hay otra realidad”, remarcó.
Impacto social y cambios en el consumo de pan
El presidente del Centro de Panaderos de Merlo detalló cómo la crisis afecta a los sectores más vulnerables. “Hoy hay dos clases muy golpeadas que son los niños y los abuelos. En general, la caída es en general de todos”. Pinto observó: “Si no come pan la gente, la verdad estamos complicados”.
Sobre el consumo de otros productos, Pinto afirmó: “Ponemos en el pan. No contemos la factura, no contemos los sándwiches de miga, no contemos las tortas. Eso ya es comer caviar”. Relató la realidad cotidiana del negocio: “Vos entrás a una panadería y la verdad que te da tristeza ver las heladeras apagadas, ver la panadería vacía. Hoy solamente tenés lo básico. Tenés un poco de pan, algún que otro grisine, algunas masitas secas, cuernito, bizcochito y un poquito de factura. Y pará de contar”.
Pérdida de fuentes de trabajo y cierre de panaderías
El dirigente describió las consecuencias directas sobre el trabajo. “Ya perdieron su fuente de trabajo en todo el país 2.000 colegas. Casi 16.000 puestos de trabajo se perdieron. Y la verdad que te clava fuertísimo en el pecho porque vos decís: ‘Hay generaciones tras generaciones que vivieron de esto’. Hay colegas que me toca mirarlo a los ojos y viene y te dice: ‘Martín, mi bisabuelo vino escapando de la guerra de Europa, llegó a la Argentina, hizo pan a mano. Ahí se crio, en la panadería se crio mi abuelo, mi papá, me crie yo, estaba criando a mi hijo y hoy me toca cerrar la panadería’. Y es durísimo”, narró.
Consultado sobre la evolución del consumo, Pinto explicó: “Nosotros venimos bastante cacheteados desde el 2015, pero no se cerraban panaderías. Con el gobierno anterior vos tenías una inflación que volaba por las nubes, pero teníamos consumo récord de pan, de leche, de carne. Ahora, yo no soy economista, yo sé manejar mi panadería, pero hablando con la gente, me dicen: ‘Con una inflación del 25%, yo comía carne, comía pan, me compraba los remedios, la obra social no me suspendía. Hoy tenemos una inflación de un 2,5% y me prohíbo hasta de comer’”.
Cambios en las compras y derrumbe de la pastelería
Pinto describió cómo los clientes modificaron sus hábitos: “La gente hoy te compra por unidad y te compra pan. Hoy vienen y te dicen: ‘¿Qué me alcanza con $500?’. Y con $500 hoy te alcanza dos flautitas. Y vos sabés que son cinco pibes, porque nos conocemos todos en el barrio, y les terminás regalando tres, cuatro flautitas más, porque con dos flautitas qué va a hacer una mamá con cinco pibes en la casa”, reflexionó.
La caída es aún más pronunciada en los productos de pastelería. “Un 85% bajó. La semana pasada justo hicimos a nivel nacional y un 85% bajó todo lo que es pastelería, no solamente sándwiches de miga. Ya torta casi no se hace en las panaderías, la estamos haciendo todo por pedido. O sea que con un 15% de lo que se vende de pastelería, una panadería no puede subsistir”, advirtió Pinto. La oferta convencional apenas sobrevive gracias a encargos puntuales y producciones mínimas.
Costos crecientes y presión sobre el sector panadero
Al retroceso del consumo se suman los aumentos sostenidos de costos fijos, en particular de alquileres. “El alquiler lo venimos denunciando también de hace dos años. Desde que se derogó la ley de alquileres, se fueron los alquileres por las nubes y vos cuando pagás el alquiler este mes, ya tenés que renegociar ahí mismo el alquiler del mes que viene, es mes a mes”, narró Pinto. Antes, los reajustes eran previsibles y pactados semestralmente; ahora, los incrementos se definen cada mes, generando incertidumbre y presión financiera.
Las panaderías, ante este escenario, han debido ajustar su estructura interna. “El primer fusible es el personal. O vos lo tenés que suspender, o lo tenés que echar, o le tenés que decir: ‘Che, vamos a tener que laburar tres veces por semana y el resto, para poder seguir manteniendo nuestra fuente de trabajo, pongo a mi señora, meto a mi hijo, meto a mi hermano’, para decir, bueno, no tenemos ganancia, pero seguimos manteniendo nuestra fuente de trabajo”, resumió.
Así, un nivel de ventas tan reducido puso al límite la subsistencia de las panaderías familiares. La actividad básica ya no resulta suficiente para garantizar la supervivencia del sector en la provincia de Buenos Aires.

